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dimecres, 6 juny 2018

De las palabras a los hechos

“Señor Torra. Así no. Pase de las palabras a los hechos. No hay inconveniente en hablar, si su supremacismo se lo permite. Tal vez se crea por encima de quienes son o piensan diferente. Pero ni usted, ni sus predecesores están por encima de la ley”. Es Pedro Sánchez quien tuiteaba (aunque parezca que hace una eternidad, a duras penas hace quince días) una acusación y un recordatorio que helaban la sangre de todos los demócratas de buena fe. El comentario se inscribía en la merienda de negros y festival de despropósitos que durante aquellas semanas fueron profiriendo rebuznos, aullidos y demás zureos amables del tipo “nazi”, “xenófobo”, “Le Pen español”, contra el president Torra. Si no fuera porque no nos lo podíamos permitir, de nuevo los hechos parecían dar la razón a ­Josep Pla cuando escribió que nada se parece tanto a un español de derechas como un es­pañol de izquierdas. Lo parecería, pero muchos sabemos que no es verdad, y que además, si lo fuera, tendríamos que procurar que dejara de serlo.

Más allá de la controvertida y del todo discutible cosmovisión del president Torra sobre la nación y el pueblo de Catalunya, y aparte del carácter necesariamente excepcional y doloroso de la legislatura que se inicia, el caso es que el flamante nuevo presidente Sánchez pedía al soberanismo pasar de las palabras a los hechos y eso es lo que se está haciendo en Catalunya. Y no sólo a través de haber hecho posible su investidura. Desde el inicio de la legislatura, el president Torrent ha asegurado con mano de hierro que toda la acción de la Cámara se ajuste escrupulosamente a la legalidad. A su vez, el president Torra finalmente ha aceptado formar un Govern de la Generalitat “efectivo”, eso es, sin consellers encarcelados o fuera de Catalunya. En un acto sin precedentes, en su primer discurso todavía como candidato, Joaquim Torra se disculpó públicamente por algunos de sus tuits y escritos del pasado susceptibles de resultar ofensivos. Y por si todo eso fuera poco, en el marco de las jornadas económicas de Sitges, el president ha agradecido y valorado las propuestas reformistas del Cercle d’E conomia. Honestamente, me parece una forma adecuada de iniciar el camino de la reconciliación. Como me parece aterradora, también, la certeza absoluta de que ni Albert Rivera, ni Alfonso Guerra, ni Rodríguez Ibarra se disculparán nunca por los insultos injustos y desproporcionados que de nuevo han proferido hacia el máximo representante del Estado en Catalunya, según el ordenamiento constitucional que tanto dicen defender. Me parece que con su actitud prudente el president Torra acierta y que, además, lo hace a pesar de ser plenamente consciente de la enésima incoherencia que ha supuesto poder pasar sin rubor de permitir que Puigdemont pudiera ser candidato a diputado a impedir que pudiera ser elegido president, cuando dispuso de los apoyos suficientes para serlo.

Los dioses, que siempre juegan con nosotros, han querido que el jefe de la oposición que afirmaba no tener ningún inconveniente en hablar con Catalunya hoy tenga la oportunidad de hacerlo, y además como presidente del Gobierno de España. A su vez, el político pretendidamente supremacista ha exhibido unos primeros pasos moderados y reconciliadores. ¿Y ahora qué, pues? ¿Los catalanes nos tendremos que conformar con seguir siendo arma arrojadiza electoral sólo al servicio de unas camarillas partidistas, acostumbradas a vivir de la política y no para la política? ¿El único posicionamiento que estarán en condiciones de hacer nuestros líderes es el insulto gratuito a través de Twitter? Todos sabemos que contra Rajoy se vivía muy bien. Ahora ya no hay excusa. Tendremos que pedir perdón por los errores cometidos, habrá que silenciar las heridas que nos acompañan e incluso perdonaremos a los que nos han hecho daño. Porque, como recordaba Antònia Pallach en una glosa de su padre, la mayor de las dignidades humanas no reside en la pericia de saber no ­caer, sino en la capacidad de levantarse si te caes. Dicho en palabras del propio Pallach: no te desanimes nunca y que nada te desanime. El hombre se hace en un eterno recomenzar. Es el mito de Sísifo, si quieres. Pero es su gran dignidad.

Una nueva etapa empieza. Los nuevos ejecutivos empiezan débiles y con no pocas contradicciones. Pero también investidos de la esperanza de millones de ciudadanos de toda España que, aparte de su adscripción ideológica, quieren políticos de acción y con sentido de Estado, capaces de reconducir las cosas hacia un terreno del que no teníamos que haber salido nunca. Abrimos una nueva fase de distensión, de diálogo y empatía y pronto, sin darnos cuenta, las propuestas de solución verán la luz. El Cercle d’Economia, con su iniciativa valiente y rigurosa de elevación del Estatut a rango de norma constitucional y del reconocimiento de Catalunya como comunidad nacional, de nuevo se nos aparece como alumno aventajado del reformismo. Vendrán más. Así pues, suerte y acierto, presidente Sánchez, Batet e Iceta. Tenéis la responsabilidad, inesperada pero máxima, de volver a darnos razones para la esperanza y de pasar de las palabras a los hechos.