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dijous, 27 febrer 2020

¡Arrimar el hombro!

Lo ha reclamado el presidente Sánchez hace pocos días ante el comité federal de su partido y tiene toda la razón: para superar el conflicto político en y con Catalunya no es suficiente el concurso de las izquierdas y de los nacionalistas periféricos. También la derecha debe arrimar el hombro. El PP debe tener sentido de Estado. Y es que resulta realmente paradójico que los que tanto presumen de querer a España, los que en su día llegaron a recurrir ante el Tribunal Constitucional artículos que más tarde serían aprobados, con redactado idéntico, en otras comunidades de su mismo color político; esos que en mi opinión tanto daño le han causado a España con su insensibilidad y partidismo reiterados, ahora sigan abonando tesis tan descabelladas como que el Gobierno está en manos de los independentistas, que los socialistas han vendido su alma primero al diablo comunista (sic), ahora a las hordas secesionistas, añadiendo para más recochineo que si todos ellos andan juntos y compinchados es únicamente ­para conseguir su único objetivo inconfesable, que no es otro que el de romper España. Si no fuera por el dolor y la tristeza que causan tales paparru­chadas y por la de almas cándidas que se dejan embaucar por tales argumentos ­peregrinos, a uno le entrarían ganas de echarse a reír.

 

Lo cierto es que tanto el Gobierno de Sánchez, en Madrid, como ERC en Barcelona han cogido el toro por los cuernos, han reconocido que en Catalunya existe un conflicto de carácter político y, haciendo caso omiso al ruido de los que no se juegan nada, han agarrado con pulso firme el extintor, decididos a apagar las llamas que sin duda provocaron otros. Por acción o por omisión. Bajo el estandarte de la ley, el diálogo y las políticas reales (y realistas), lo cierto es que la mesa de negociación hoy echa a andar. “No va a cambiar nada de golpe”, ha advertido Sánchez, algo tan cierto como que este es un paso imprescindible para poder empezar una negociación seria. Mienten como bellacos los políticos populares que ahora reniegan de la vía de la moderación y del diálogo; que, para contentar a sus jóvenes leones aprendices de líderes políticos, regalan los oídos de sus militantes con insultos y descalificaciones inflamadas a sus adversarios o quizás a los que a sus ojos se les antojan como enemigos políticos. Lo suyo es espurio, porque también ellos cuando gobernaron intentaron el diálogo, y si este no fructificó fue, seguramente no sin parte de razón, porque como me reconoció la propia Soraya Sáenz de Santamaría durante aquellos meses tan intensos del 2017 “no se daban las condiciones mínimas de confianza”. La primera y más acuciante misión de la mesa recién constituida deberá ser justamente, pues, recoser una mínima red de complicidades y renovar la confianza quebrada entre gobiernos, como mínimo desde el 9-N.

 

También en Catalunya cuecen habas. Recostados en el sofá de sus casas, algunos revolucionarios de salón, opinadores militantes y doctores en leyes que no han pisado nunca una facultad refunfuñan por la estrategia posibilista o, peor aún, por el camino seguido por el Departament de Justícia con respecto a los presos. Es tanto el ruido y la sordina de traición que difunden estos roedores de esperanzas, que los responsables de la política penitenciaria catalana han tenido que recordarles que “el camino recto no siempre es el más corto”. Porque lo cierto es que, ante la desproporcionada pena que cumplen los políticos presos por el procés, las primeras medidas de reinserción y en definitiva de semilibertad han empezado a dar sus frutos. Y lo que es igual de importante: que lo han hecho con decisiones ajustadas a derecho, avaladas por los equipos técnicos responsables. Ni más, ni menos.

Así las cosas, pienso que en los meses que vendrán la actitud debe seguir siendo a un mismo tiempo valiente y pragmática, idealista pero también resolutiva. Me lo advirtió el titular de Fomento, José Luis Ábalos, justo pocas semanas después de llegar al ministerio, a finales del 2018: “El Gobierno quiere arreglar lo de Catalunya y lamento que haya políticos y activistas presos en España. Pero para poder resolver este entuerto, antes hay que crear entre todos el clima para que las decisiones que se vayan tomando las entiendan incluso los militantes del PSOE del pueblo más recóndito de la Castilla profunda”. Pongámonos pues manos a la obra, en Madrid y en Barcelona. Porque, como ya aprendí yo mismo con mis propios errores y como he sufrido en mis propias carnes, por mucha razón que tengas, avanzarte a tus tiempos es una ­forma como cualquier otra de equivocarte. Y al final, sólo de las decisiones difíciles y complejas, pero a un tiempo audaces y consensuadas, saldrán las soluciones a problemas que son realmente enrevesados y complejos, y que por ello tanto dolor han causado. Afrontémoslo esperanzados, pues como ha recordado Marta Pascal en su libro Perdre la por , citando a Nietzsche, “las dificultades fortalecen a los fuertes”.